A principios del año 1971, un grupo de amigos
se puso de acuerdo para pasar un fin de semana
juntos. Era necesario, para tener permiso de los papás, que
alguna persona adulta los acompañara. Ellos querían que fuera alguien
con quien se pudieran llevar bien todos. Se pusieron a
buscar y todos estuvieron de acuerdo en que fuera el
Padre James, L.C., quien les dio su apoyo moral al
acompañarlos. El fin de semana se llevó a cabo estupendamente.
Durante el día jugaron fútbol, organizaron una excursión y tuvieron
varias pláticas con el Padre. Ya durante la noche jugaron
juegos de mesa, hicieron una fogata y hasta algunos contaron
historias de miedo.
Viendo el éxito que tenían estas “reuniones”,
y lo divertidas que eran, se pusieron de acuerdo para
seguir juntándose a jugar fútbol, ir de paseo o a
tener pláticas con el Padre.
Al ver lo felices que
eran y el interés que tenían en las actividades de
fin de semana, los demás compañeros y amigos de estos
jóvenes quisieron formar parte y el grupo empezó a crecer,
a tal grado que hubo necesidad de organizarse de una
manera más formal. Esto fue el comienzo de lo que
ahora es el Club.
Lo que se buscaba con el Club era
que fuera un espacio que los jóvenes tuvieran para convivir
juntos. Se procuraba que hubiera una unión sana y de
entendimiento mutuo. Se pretendía que fuera un lugar donde los
jóvenes se sintieran escuchados, un lugar donde siempre habría alguien
con quien compartir las experiencias y problemas.
Primeras actividades
En
un principio, el Club contaba con billar, salón de música,
biblioteca, fútbol de mesa, entre otras cosas. Con estas instalaciones
se pretendía, además de resolver los problemas de los jóvenes,
escuchándolos y aconsejándolos, que aprovecharan sus momentos libres al máximo,
conviviendo de una manera sana. La finalidad era que, al
estar en el Club, se sintieran como en su casa,
con un ambiente de unión, de sana amistad y de
superación personal.
Actividades como torneos de fútbol, de basketball, excursiones,
pláticas en grupo, ayudar a los necesitados, serían esenciales para
lograr el objetivo.
Era importante que hubiera unión, para que en
los problemas o momentos difíciles se ayudaran mutuamente bajo la
supervisión de un asesor. Se buscaba que los miembros del
Club recibieran una formación más madura, que los ayudara a
prepararse mejor para el futuro.
La misión del Club era
ser un medio eficaz para que cada miembro llegase a
ser verdaderamente alguien en la vida, ya que se formaba
la voluntad, la responsabilidad, el hábito de trabajo, y además,
se explotaban al máximo las cualidades que cada miembro poseía.
Nombre
El escudo del Club Faro fue ideado y realizado por
la mesa directiva de aquel año. El nombre FARO tiene
un doble significado. En el primero, se enumeran los más
importantes medios con los que cuenta para lograr su fin:
(F) Formación sólida, (A) Amistad Sincera, (R) Recreación Sana, y
(O) Orientación singular. El segundo significado está simbolizado en el
escudo del Club: así como el faro sirve a los
marineros de guía, el Club pretende ser guía para los
adolescentes que navegan por las aguas turbulentas de la adolescencia
y que pudieran hacer naufragar sus vidas. Es por eso
que nuestro lema es: "Semper Vigilans", es decir, siempre alerta.